EL
DERECHO DEL NIÑO AL RESPETO
(Tomando Janusz Korczak / 1878-1942)
Homero Fernández B.
¿Cómo permanecer indiferente ante vida
tan loable y obra sorprendente? Título escrito con la propia sangre, vivo;
palabras que penetran lo más profundo y recóndito de la comodidad del hombre,
si es que alguna ocasión encuentra reposo en su sinceridad, la conciencia
misma.
Si
pudiera asir los ciclones del Pacífico y del Caribe, los tomaría para aplaudir
a este hombre y su obra para que el estruendoso aplauso fuera escuchado hasta
los más recónditos e insensibles oídos humanos y, como saetas de fuego
encendieran los corazones.
Sin
duda alguna que la mayor cantidad de ocasiones nos encontramos ante un niño (me
inserto en el texto correspondiendo al género de escritura empleada por el
autor) y nos olvidamos de que es un niño: una persona. Le tratamos como un
menor, pero no sólo en la edad referida sino, en su dignidad. Continuamente
hacemos mofa de sus errores y poco reconocemos sus logros y alcances. En muchas
ocasiones pareciera que las funciones profesor – alumnos son siempre contrarias
y lúdicas, cuando ha de ser todo lo contrario.
No
se trata de poner en los hombros de los niños nuestros sueños y anhelos, mucho
menos responsabilizarlos o ensañarnos en ellos de nuestros fracasos, sino que
se trata de soñar con el niño, ayudarle a subir a la luna para corretear al
risueño conejo que se asoma en las noches de luz por sus ventanas; a escuchar
los cantos de las sirenas y los dioses marinos que viven en el fondo de los
mares y que dejan sus teléfonos en las susurrantes conchas entre las arenas del
mar; platicar con el amigo José que le acompaña a diario en el asombro ante lo
jamás imaginado; inventar historias; explorar mundos y planetas sin haber
viajado;…
¿Cuál
será nuestro papel para que el niño pueda ganar y tener el derecho de ser niño?
Ser adultos, no fingir ser niños (porque sería algo falso), pero a ellos dejarles
serlo.

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