LA ORGANIZACIÓN DE LA ESCUELA Y DE LA CULTURA
(Tomando a Antonio Gramsci / 1891-1937)
Conscientes
de que el ser humano se hace humano entre los humanos, se ha de tomar con
ciertas reservas la entusiasta propuesta de inculturizarle desde la infancia ya
que, si bien es cierto sí se debe tener una base sólida, se le deben dar
herramientas para que él mismo pueda dinamizar su base cultural y “producir”
sus propios elementos de realización. Cuando se inculturiza a alguien se le
comparte todo un bagaje cultural pero, aunado a todo ello, se establecen sendos
cúmulos legalísticos que debe asumir el inculturizando. Éste debe asumir un
modo de vivir y ser de otro, mas no el propio. Hasta aquí se correría el riesgo
de enclaustramiento y castración cultural. Por lo tanto, a este proceso de
inculturización ha de aparejársele todo un programa formativo en los medios y
herramientas de producción cultural para que, proyectándose a sí mismo, pueda
producir el espacio cultural para sí mismo.
Consecuencia de lo anterior, la
educación deberá tomar una vertiente condicional: o se educa a un ser humano
para que pueda asumir una cultura concreta o se forma a un ser humano, con las
herramientas necesarias, para que pueda crear su propio espacio cultural de realización,
aun cuando pueda ser totalmente distinto al vigente. Sin duda alguna que
Gramsci postula la primera opción para que la realidad socialista pueda ser
asumida (en nuestra práctica actual es la propuesta por los Gobiernos y sus
secretarías educativas), estaría más interesante elegir la segunda opción, pero
a ella devendrían los problemas sobre el tipo de profesores o personas
adecuadas para acompañar y discernir los elementos indispensables para
compartirlos y, si estos serían estables o serían relativos, entre otras tantas
cuestiones.
Finalmente, la pluralidad profesional
daría mayor margen de elección y realización del ser humano y, ¿por qué no?, de
ser necesario las instituciones educativas superiores tendrían que estar
atentas para atender las inquietudes y demandas de las nuevas generaciones,
según sus necesidades. “La pluralidad, bien asumida, no debe ser vista como
peligro de inminente caos, sino como una riqueza posibilitadora de bienestar y
paz”.

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