lunes, 19 de octubre de 2015

LA ORGANIZACIÓN DE LA ESCUELA Y DE LA CULTURA




LA ORGANIZACIÓN DE LA ESCUELA Y DE LA CULTURA
(Tomando a Antonio Gramsci / 1891-1937)


            Conscientes de que el ser humano se hace humano entre los humanos, se ha de tomar con ciertas reservas la entusiasta propuesta de inculturizarle desde la infancia ya que, si bien es cierto sí se debe tener una base sólida, se le deben dar herramientas para que él mismo pueda dinamizar su base cultural y “producir” sus propios elementos de realización. Cuando se inculturiza a alguien se le comparte todo un bagaje cultural pero, aunado a todo ello, se establecen sendos cúmulos legalísticos que debe asumir el inculturizando. Éste debe asumir un modo de vivir y ser de otro, mas no el propio. Hasta aquí se correría el riesgo de enclaustramiento y castración cultural. Por lo tanto, a este proceso de inculturización ha de aparejársele todo un programa formativo en los medios y herramientas de producción cultural para que, proyectándose a sí mismo, pueda producir el espacio cultural para sí mismo.

Consecuencia de lo anterior, la educación deberá tomar una vertiente condicional: o se educa a un ser humano para que pueda asumir una cultura concreta o se forma a un ser humano, con las herramientas necesarias, para que pueda crear su propio espacio cultural de realización, aun cuando pueda ser totalmente distinto al vigente. Sin duda alguna que Gramsci postula la primera opción para que la realidad socialista pueda ser asumida (en nuestra práctica actual es la propuesta por los Gobiernos y sus secretarías educativas), estaría más interesante elegir la segunda opción, pero a ella devendrían los problemas sobre el tipo de profesores o personas adecuadas para acompañar y discernir los elementos indispensables para compartirlos y, si estos serían estables o serían relativos, entre otras tantas cuestiones.

Finalmente, la pluralidad profesional daría mayor margen de elección y realización del ser humano y, ¿por qué no?, de ser necesario las instituciones educativas superiores tendrían que estar atentas para atender las inquietudes y demandas de las nuevas generaciones, según sus necesidades. “La pluralidad, bien asumida, no debe ser vista como peligro de inminente caos, sino como una riqueza posibilitadora de bienestar y paz”.

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