viernes, 29 de enero de 2016

EL LENGUAJE Y SU ESTRUCTURA


Los lingüistas sincrónicos tratan de relaciones estructurales constantes, los diacrónicos de fenómenos que varían y se desarrollan en el tiempo, la unidad estructural del lenguaje puede ser estudiada y examinada de dos maneras y aparece en el aspecto material y en el formal, manifestándose no solo en el sistema de las formas gramaticales sino también en su sistema fonético.

El carácter de una lengua depende de ambos factores , pero los problemas, pero los problemas estructurales de la fonología fueron descubiertos mucho más tarde que los de la síntesis o la morfología. En 1818  R.K. Rask mostro que las palabras de las lenguas germánicas guardan una relación formal regular en cuestión de fonética con las palabras de otras lenguas indoeuropeas.

Cada lenguaje posee una estructura propia, tanto en un sentido formal como material, al examinar los fenómenos de distintas hablas encontramos tipos divergentes que no pueden ser subsumidos bajo un esquema uniforme.

Cada lenguaje posee un sistema de fonemas y sonidos distintivos, sin embargo resulta muy difícil responder a la cuestión de que signifique realmente en forma individual un lenguaje.

La gramática y la lógica se concebían como dos ramas diferentes del conocimiento pero que tenían el mismo objeto, en cuanto a las lenguas latinas, estas no pueden expresarse adecuadamente con los términos y categorías usuales en la gramática.

La variedad de los diversos idiomas y la heterogeneidad de los tipos lingüísticos se ofrece en una luz  muy diferente según se los considere desde un punto de vista filosófico o científico .El lingüista goza con esta variedad ya que se sumerge n el océano del habla humana sin esperanzas de tocar fondo .En todas las épocas la filosofía se ha movido en dirección opuesta. La moderna lógica simbolica sigue la misma tendencia pero aunque se realizara este propósito una filosofía de la cultura la cual tendría que enfrentarse.

El lenguaje humano se basa en ciertos elementos constantes y recurrentes de nuestra experiencia sensible .Sin semejantes recurrencias no tendríamos punto de apoyo para nuestros conceptos lingüísticos, pero  la combinación o separación de los datos preceptivos depende de la elección libre de un trama de referencia.

No existe un esquema rígido y preestablecido con el arreglo al cual tendrían que llevarse a cabo de una vez por todas nuestras divisiones y subdivisiones.



Ni siquiera en lenguas muy afines y que concuerdan en su estructura general encontramos nombres idénticos. Como señala Humboldt, los términos griegos y latinos para designar la luna, no expresan, aunque se refieren al mismo objeto, la misma intención o concepto.

El nombre de un objeto no encierra pretensión sobre su naturaleza; no está destinado a ser  o a ofrecernos la verdad de una cosa. La función de un nombre se limita siempre a subrayar un aspecto particular de una cosa y, precisamente, de esta restricción y limitación depende su valor.

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